lunes, 22 de octubre de 2007

Estáis Muertos - César Vallejo

Ilustración: Mohsen Nouri Najafi, Iran

Que extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero verdad, estáis muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del cenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vos sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra

Estáis muertos, no habiendo antes vívido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y, sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.

domingo, 21 de octubre de 2007

¿Existe Dios? - José Varela

Si solo la quinta parte de la humanidad vertiera parte de lo logrado en sus vidas, hacia seres humanos que necesitan nuestra ayuda en claro agradecimiento al Creador. Seguramente los niños desnutridos de América Latina no existirían, al igual que la tristemente celebre hambruna del continente africano.

Los ateos tampoco son inocentes al veredicto, porque deben un agradecimiento a la vida que fue generosa con ellos.
Es por eso que me cuesta creer que Dios nos hizo a su semejanza.
Animales pensantes amantes de la destrucción.
Millones de veces vemos atletas de todas las latitudes del planeta, levantar su rostro al cielo o persignándose en momentos que la gloria los acaricia y muy pocos son los que hacen algo al respecto.
Gobernantes del mundo han pasado y pasaran llenos de egoísmos sin pasar jamás de un estúpido y vació discurso.
Es tan simple de entender...
Cualquier ser humano que tenga un techo para vivir, alimentos para su familia, dinero para el colegio de sus hijos y para sus elementales necesidades...
Es millonario a los ojos de los niños que no pueden llevar a sus bocas un trozo de arepa o un simple pedazo de pan.
¿Qué hacemos al respecto...como es posible que durmamos tranquilos en las noches a sabiendas del sufrimiento de millones y millones de seres humanos?
Ellos esperan por nuestra ayuda, porque levantemos nuestro grito de rebeldía, para gritar al mundo que estas cosas no pueden pasar.
Ellos esperan...también otros esperan...son los que se alimentan de nuestro silencio.
(...) No se que carajo quise escribir, solo se que una foto que vi por Internet, es la culpable de esta tristeza que cargo dentro y no la puedo alejar.
Si alguno de ustedes cree que es importante esta simpleza...pásenlo...quizás ellos te lo agradezcan algún día.
LA FOTO DE MI TRISTEZA


jueves, 18 de octubre de 2007

La Rosa de Hiroshima

Ilustración: Jitet Koestana, Indonesia
Piensen en las criaturas
Mudas telepáticas
piensen en las niñas
ciegas inexactas
piensen en las mujeres
rotas alteradas
piensen en las heridas
como rosas cálidas
Pero oh no se olviden
de la rosa de la rosa
de la rosa de Hiroshima
la rosa hereditaria
la rosa radioactiva
estúpida e inválida
la rosa con cirrosis
la antirrosa atómica
sin color sin perfume
sin rosa sin nada

Vinicius de Moraes

miércoles, 17 de octubre de 2007

Sólo Cacao - Maroa



1.- Formas y Figuras - Alejandro Rodríguez
2.- Pelendrum - Francisco Morales
3.- Entre telas - Gonzalo Grau
4.- Cacao - Gonzalo Grau
5.- Panorama - Alejandro Rodríguez
6.- Karate do (en re) - Alejandro Rodríguez
7.- Santa Fé - Alejandro Rodríguez
8.- Bandeja de plata - Alejandro Rodríguez
9.- La Soledad - Paul Desenne
10.- La Fuersha - Gonzalo Grau
11.- El Bojotico - Alejandro Rodríguez

Integrantes de Maroa:

Alejandro Rodríguez: Bajo, Dirección musical.
Vladimir Rivero: Percusión.
Nelson Sardá: Batería.
Gonzalo Grau: Teclados.
Rubén Rebolledo: Guitarra.
Rodolfo Reyes: Saxos.
William Troconis: Percusión.

Músicos invitados:
Luis Julio Toro, Alonso Toro, David Moreira, Francisco Morales.


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viernes, 5 de octubre de 2007

La luna - Jaime Sabines


Ilustración: Sergei Tyukanov

La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

lunes, 1 de octubre de 2007

Toto la Momposina y sus tambores - La Candela Viva

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Vivir Poéticamente

Ilustración: Burgi

Hoy, en la tierra , los humanos dedican la mayor parte de su vivir a sobrevivir. Tenemos que actuar para que el estado secundario llegue a primario.
Hay que tratar de vivir no sólo para sobrevivir sino también para vivir.
Vivir poéticamente es vivir para vivir.

Edgar Morín

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Susana Baca

1.- Negra presuntuosa
2.-Molino Molero
3.-Heces
4.- Tu mirada y mi voz
5.-Zamba Malató
6.-Luna Llena
7.- Las caras lindas
8.- Se me van los pies
9.- Enciendete Candela
10.- Señor de los Milagros
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viernes, 7 de septiembre de 2007

Quiero un país... Hubert Lanssiers

Ilustración: Oswaldo Guayasamín


En mis sueños veo bajar esta sombrías cohortes de fantasmas que construyeron el país que nosotros dejamos caer de la mano de Dios. Baja muda, terrible, esta guardia de hierro que tendió los rieles del ferrocarril más alto del planeta, que entornilló carreteras en la roca de la puna o en el lodo de la selva, los caballeros con casco que edificaron las represas de Bonner y sacaron a la superficie de la tierra el cobre y la plata; veo bajar a los héroes sin rostro que nunca fueron honrados por el toque de "silencio" de una corneta solitaria.

Me acuerdo de los desolados versos de René Char: "como un anciano cansado, los ojos clavados en la acera, que sorbe su cerveza tibia en medio de la muchedumbre". Optimista, René Char, los nuestros ni siquiera se pueden otorgar este pobre lujo.
El país que yo quiero es un país donde los ancianos puedan tomar una cerveza en compañía de sus amigos, donde ser viejo no sea delito punible por un vago desprecio, donde la frase de González Prada: "los jóvenes a la obra, los viejos a la tumba" no sea celebrada periódicamente por una tanda de imbéciles.
Quiero un país donde un jubilado no dependa del buen humor de su yerno para conseguir un cigarrillo, donde las instituciones públicas o privadas le manifiesten respeto y donde no sea necesario recurrir al diccionario para aprender el significado de la palabra "dignidad".
Quiero que la ancianidad no empiece a los cinco años en la mirada apagada de los chicos; se necesitó una preparación milenaria para que florezca, en un mundo oscuro, la sonrisa frágil de un niño. Quiero que sean capaces de asombrarse y de revolcarse en las maravillas del universo, en las flores y las estrellas, quiero que sean poetas. Quiero que no se asesine en ellos al pequeño Einstein que cuenta con sus dedos o a Mozart que mueve al compás de una música misteriosa. Quiero que no sean educados por pelmazos que los conviertan en pillos, no quiero que los brujos de la publicidad los transformen en gremlins voraces que se atiborran de trivialidades, quiero también que puedan soñar con otra cosa que un plato de quaker, quiero también que sepan dónde queda Somalia y que esta palabra los haga llorar.
Quiero un país donde la justicia sea personalizada y se transmute en equidad, donde el verdugo no sea considerado como el único garante de la civilización, donde la esperanza nos venga, de vez en cuando, con algo de mermelada. Quiero, en resumidas cuentas, un país normal.
Deseo también que mi país sea el hijo hermoso de mi esfuerzo, de mi inteligencia y de mi amor. Creo que Dios es peruano y que me habla; creo que, en ciertas ocasiones, abre su tienda en algún barrio y cuando me acerco, bien fresco, a pedir la paz y la armonía El me contesta, sonriente: "te equivocaste hijo, aquí no vendemos frutas, sólo distribuimos semilla".

miércoles, 22 de agosto de 2007

El Grito - John Holloway

Ilustración: Casso

En el principio es el grito. Nosotros gritamos.
Cuando escribimos o cuando leemos, es fácil olvidar que en el principio no es el verbo sino el grito. Ante la mutilación de vidas humanas provocada por el capitalismo, un grito de tristeza, un grito de horror, un grito de rabia, un grito de rechazo: ¡NO!
El punto de partida de la reflexión teórica es la oposición, la negatividad, la lucha. El pensamiento de la ira, no d4e la quietud de la razón; no nace del hecho de sentarse, razonar y reflexionar sobre los misterios de la existencia, hecho que constituye la imagen convencional de lo que es "el pensador".
Empezamos desde la negación, desde la disonancia. La disonancia puede tomar muchas formas: la de un murmullo inarticulado de descontento, la de las lágrimas de frustración, la de un grito de furia, la de un rugido confiado. La de un desasosiego, una confusión, un anhelo o una vibración crítica.
Nuestra disonancia surge de nuestra experiencia, pero esa experiencia varía. A veces, es la experiencia directa de la explotación en la fábrica, de la opresión en el hogar, del estrés en la oficina, del hambre y la pobreza o la experiencia de la violencia o la discriminación. A veces lo que nos incita a la rabia es la experiencia menos directa de lo que percibimos a través de la televisión, los periódicos o los libros. Millones de niños viven en las calles. En algunas ciudades se asesina sistemáticamente a los niños de la calle como la única forma de reforzar el respeto por la propiedad privada. En 1998 los bienes de las 200 personas más ricas del mundo sumaban más que el ingreso total del 41 por ciento de la población mundial (constituida por 2.500 millones de personas). La brecha entre ricos y pobres se agranda, no sólo entre países sino al interior de los mismos. En 1960 los países con el quinto de personas más ricas del mundo contaban con uningreso per capita 30 veces mayor que el de aquellos con el quinto más pobre: para 1990 la proporción se había duplicado 60 a 1 y hacia 1995 llegaba a ser 74 a 1. El mercado de valores sube cada vez que aumenta el desempleo. Se encarcela a los estudiantes que luchan por la educación gratuita mientras que a los responsables activos de la miseria de millones de personas se los colma de honores y se les otorga títulos como los de general, secretario de defensa o presidente. Y la lista continúa. Nuestra furia cambia cada día de acuerdo con la última atrocidad. Es imposible leer el periódico sin sentir rabia, sin sentir dolor.
Confusamente, tal vez, sentimos que estos no son fenómenos aislados, que entre ellos existe una relación, que son parte de un mundo defectuoso, de un mundo que está equivocado en algún aspecto fundamental. Vemos cada vez más personas mendigando en la calle mi8entras que los mercados de valores rompen nuevos récords y que los salarios de los gerentes de las empresas se elevan a alturas vertiginosas, y sentimos que los horrores del mundo no son injusticias casuales sino parte de un sistema que está profundamente equivocado. Hasta las películas de Hollywood (quizás de manera sorprendente) casi siempre comienzan con la presentación de un mundo fundamentalmente injusto antes de continuar reafirmándonos (lo que resulta menos sorprendente) que la justicia para el individuo puede ganarse por medio del esfuerzo individual. Nuestra ira no se dirige sólo contra acontecimientos particulares sino contra una impostura más general, contra el sentimiento de que el mundo está transtornado, de que el mu7ndo es en alguna forma falso. Cuando experimentamos algo particularmente espantoso, levantamos horrorizados las manos y decimos: "¡No puede ser! ¡No puede ser!". Sabemos que es verdad, pero sentimos que es la verdad de un mundo falso.
¿Cómo sería un mundo verdadero? Podemos tener una idea vaga: sería un mundo de justicia, un mundo en el que las personas pudieran relacionarse entre sí como personas y no como cosas, un mundo en el cual las personas podrían decidir su propia vida. Pero no necesitamos tener una imagen de cómo sería un mundo verdadero para sentir que hay algo radicalmente equivocado en el mundo que existe. Sentir que el mundo está equivocado no significa, necesariamente, que tengamos cabal idea de una utopí que ocupe su lugar. Tampoco implica un romanticismo del tipo "algún día vendrá mi príncipe", ni la idea de que aunque las cosas están mal, en algún momento accederemos a unh mundo verdadero, a alguna tierra prometida, a un final feliz. No necesitamos la promesa de un final feliz para justificar el rechazo de un mundo que sentimos equivocado.
Este es nuestro punto de partida: el rechazo de un mundo al que sentimos equivocado, la negación de un mundo percibido como negativo. Debemos asirnos a esto.