miércoles, 29 de junio de 2011
Caída del cielo - Armando José Sequera
sábado, 14 de mayo de 2011
jueves, 15 de abril de 2010
Cuentos cortos de Triunfo Arciniegas
Los colibríes escapan de la boca de las niñas del convento.
Por Facebook me pide fotos desnuda, y sólo he podido enviarle algunas de la cintura para arriba.
2
Le fascinan las fotos de mis pechos. ¿Qué dirá del resto de mi cuerpo?
3
Me duele que, cuando le enseño mis pechos a través de la cámara del Messenger, se le escurra la baba imaginando la belleza de mis piernas.
jueves, 11 de junio de 2009
A las cuatro y media de la madrugada - Armando José Sequera

Lo que me pasó esta mañana fue de coger palco: yo andaba por Terrazas del Club Hípico, donde fui a llevar a una señora que, según me pareció, venía de ponerle los cuernos al marido. Cuando venía de regreso, a la altura del Centro Comercial Humboldt, me detuvo un hombre bien vestido, queme pidió que lo llevara a La Campiña. Pero cuando íbamos por la autopista, el hombre sacó una pistola y me dijo que le entregara todo el dinero que cargara. Y yo no sé donde me salió tanta valentía y le dije, más o menos con estas mismas palabras: "Mire, amigo, a esta hora, el que trabaja lo hace por pura necesidad. ¿Usted cree que si yo no tuviera necesidad andaría manejando un taxi de madrugada, en una ciudad que sin animo de ofenderle, está tan llena de ladrones y criminales? Yo tengo seis hijos y dos mujeres y tengo que estar pegado a este volante desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana. Mire la hora que es -las cuatro y media- y no he hecho gran cosa. Vea usted mismo mis bolsillos, vea mi cartera. No me eche esa vaina y dejemos este asalto para otro día, ¿sí...? Si usted quiere, yo lo llevo hasta donde me dijo y no le cobro nada. Yo entiendo su pobreza, pero entienda usted también la mía". El hombre se quedó pensativo y, después de guardarse la pistola, me dijo que lo perdonara, que él también estaba trabajando para mantener a su mujer y a sus dos hijas, y que una de las niñas sufría parálisis cerebral. Entonces se metió la mano en uno de los bolsillos de los pantalones y se sacó la billetera. Primero me mostró que no tenía dinero y después me pidió que viera una foto de su hija: Ahí llegamos a un acuerdo: convinimos en que yo le daba la mitad de lo que había producido y lo dejaba en Chacaíto, donde ya estabamos llegando, y el me dejaba ir en paz. Y así lo hicimos: Pero, cuando el hombre se bajó, el carro se me apagó. ¿Y tú sabes lo que hizo? Se devolvió, me regresó mi dinero y me dijo: "Coño, compadre, tenga; usted no merece que yo lo asalte". Y se fue.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Tres relatos de Luis Fernando Veríssimo
Ilustración: H. G. GigerTodo comenzó como una broma. Llamó por teléfono a un amigo y le dijo:
—Lo sé todo.
Después de un silencio, el amigo respondió:
Cómo lo sabes?
—Eso no importa. Lo sé todo.
—Hazme un favor. No lo cuentes por ahí.
—Lo pensaré.
—¡Por el amor de Dios!
—Esta bien, pero ten cuidado.
Descubrió que tenía poder sobre las personas.
—Lo sé todo.
—¿Co… cómo?
—Lo sé todo.
—¿Todo el qué?
—Tú lo sabes bien.
—Pero es imposible. ¿Cómo lo has descubierto?
La reacción de las personas variaba. Algunas preguntaban en seguida:
—¿Alguien más lo sabe?
Otras se volvían agresivas:
—Está bien. Lo sabes. ¿Y qué?
—Nada. Solo quería que supieras que lo sé.
—Si se lo cuentas a alguien, yo…
—Depende de ti.
—¿De mí, cómo?
Si te portas bien, no lo contaré.
—Está bien.
Una vez, parecía que había encontrado a un inocente:
—Lo sé todo.
—¿Todo, el qué?
—Ya sabes.
—No, no sé. ¿Qué es lo que sabes?
—No te hagas el ingenuo.
—Pero no sé de qué me hablas.
—No me vengas con esas.
—Tú no sabes nada.
—Ah, eso quiere decir que hay alguna cosa para saber, pero que yo no la sé, ¿no?
—No hay nada.
—Mira que lo voy a contar por ahí…
—Puedes contarlo, que es mentira.
—¿Cómo sabes lo que voy a contar?
—Cualquier cosa que cuentes será mentira.
—Está bien. Lo contaré.
Pero al poco tiempo, recibió una llamada.
—Escucha. Lo pensé mejor. No cuentes nada sobre eso.
—¿Sobre “eso”?
—Sí, ya sabes…
Pasó a ser temido y respetado. Siempre había alguien que se le acercaba y le decía susurrando:
—¿Se lo has contado a alguien?
—Todavía no.
—Joder, gracias.
Con el paso del tiempo, ganó reputación. Era una persona en la que se podía confiar. Un día, un amigo le ofreció un trabajo con un gran sueldo.
—¿Por qué yo? —quiso saber.
—El trabajo conlleva muchas responsabilidades —dijo el amigo—. He decidido recomendarte.
—Pero, ¿por qué?
—Por tu discreción.
Comenzó a ganar prestigio. Se decía que lo sabía todo de todos pero que nunca abría la boca para hablar de nadie. Además de estar siempre bien informado, era un gentleman. Hasta que un día, recibió una llamada. Una voz misteriosa que dijo:
—Lo sé todo.
—¿Co… cómo?
—Lo sé todo.
—¿Todo el qué?
—Ya sabes...
Decidió largarse. Se fue de la ciudad. Los amigos se sorprendieron por su repentina desaparición. Decidieron investigar. ¿Qué estaría tramando? Finalmente, fue descubierto en una playa lejana. Los vecinos cuentan que una noche vieron llegar muchos coches que rodearon la casa. Varias personas entraron. Se oyeron gritos. Los vecinos cuentan que la voz que más se oía era la de él, gritando:
—¡Era broma! ¡Era broma!
Fue descubierto a la mañana siguiente, asesinado. El crimen nunca fue esclarecido. Pero las personas que lo conocían, no tenían dudas sobre el motivo.
Sabía demasiado.
Basura
Se encuentran en el área de servicio. Cada uno con su bolsa de basura. Es la primera vez que se hablan.
— Buenos días...
— Buenos días.
— La señora es del 610.
— Y, el señor del 612.
— Sí.
— Yo aún no lo conocía personalmente...
— De hecho...
— Disculpe mi atrevimiento, pero he visto su basura...
— ¿Mi qué?
— Su basura.
— Ah...
— Me he dado cuenta que nunca es mucha. Su familia debe ser pequeña...
— En realidad sólo soy yo.
— Mmmmmm. Me di cuenta también que usted usa mucha comida enlatada.
— Es que yo tengo que hacer mi propia comida. Y como no sé cocinar...
— Entiendo.
— Y usted también...
— Puede tutearme.
— También perdone mi atrevimiento, pero he visto algunos restos de comida en su basura. Champiñones, cosas así...
— Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra...
— Usted... ¿Tú no tienes familia?
— Tengo, pero no son de aquí.
— Son de Espírito Santo.
— ¿Cómo lo sabe?
— Veo unos sobres en su basura. De Espírito Santo.
— Claro. Mi madre me escribe todas las semanas.
— ¿Ella es profesora?
— ¡Esto es increíble! ¿Cómo adivinó?
— Por la letra del sobre. Pensé que era letra de profesora.
— Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por su basura.
— Así es.
— Pero, el otro día tenía un sobre de telegrama arrugado.
— Así fue.
— ¿Malas noticias?
— Mi padre. Murió.
— Lo siento mucho.
— Él ya estaba viejito. Allá en el Sur. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.
— ¿Fue por eso que volviste a fumar?
— ¿Cómo es que sabes?
— De un día para otro comenzaron a aparecer paquetes de cigarrillos arrugados en su basura.
— Es cierto. Pero conseguí dejarlo de nuevo.
— Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
— Ya lo sé. Pero he visto unos vidriecitos de pastillas en su basura...
— Tranquilizantes. Fue una fase. Ya pasó.
— ¿Peleaste con tu pololo, no es verdad?
— ¿Eso, también lo descubriste en la basura?
— Primero el buqué de flores, con la tarjetita, tirado en la basura. Después, muchos pañuelitos de papel.
— Es que lloré mucho, pero ya pasó.
— Pero incluso hoy vi unos pañuelitos...
— Es que estoy un poquito resfriada.
— Ah.
— Veo muchos crucigramas en tu basura.
— Claro. Sí. Bien. Me quedo solo en casa. No salgo mucho. Tú me entiendes.
— ¿Polola?
— No.
— Pero hace unos días tenías una fotografía de una mujer en tu basura. Parecía bonita.
— Estuve limpiando unos cajones. Cosa del pasado.
— No rasgaste la foto. Eso significa que, en el fondo, tú quieres que ella vuelva.
— ¡Tú estás analizando mi basura!
— No puedo negar que tu basura me interesó.
— Qué divertido. Cuando escudriñé tu basura, decidí que quería conocerte. Creo que fue la poesía.
— ¡No! ¿Viste mis poemas?
— Vi y me gustaron mucho.
— Pero, ¡si son tan malos!
— Si tú creías que eran realmente malos, los habrías rasgado. Y sólo estaban doblados.
— Si yo supiera que los ibas a leer...
— Sólo no los guardé porque, al final, los estaría robando. Si bien que, no sé: ¿la basura de la persona aún es propiedad de ella?
— Creo que no. Basura es de dominio público.
— Tienes razón. A través de la basura, lo particular se vuelve público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los demás. La basura es comunitaria. Es nuestra parte más social. ¿Esto será así?
— Bueno, ahí estás yendo harto lejos con la basura. Creo que...
— Ayer, en tu basura...
— ¿Qué?
— ¿Me equivoqué o eran cáscaras de camarón?
— Acertaste. Compré unos camarones enormes y los descasqué.
— ¡Me encantan los camarones!
— Los descasqué, pero aún no los comí. Quien sabe, tal vez podamos...
— ¿Cenar juntos?
— ¿Por qué no?
— No quiero darte trabajo.
— No es ningún trabajo.
— Pero vas a ensuciar tu cocina.
— Tonterías. En un instante limpio todo y pongo los restos en la basura.
— ¿En tu basura o en la mía?

Pntura: Guitarrista ciego de Picasso
Medio Poeta
El día que Mónica y Octavio regresaron de la luna de miel, Mónica llegó a la casa de sus padres y se encerró en el cuarto con la mamá. Necesitaba contarle una cosa y no quería que el padre escuchase.
— Octavio es poeta, mamá.
La mamá se lleva las manos a la boca.
— ¡Ave, María purísima!
Luego preguntó:
— ¿Cómo te enteraste?
— En la primera noche. La luna estaba llena. Él hizo unas frases sobre la luz de la luna sobre mi cuerpo.
— ¿Pero estás segura de que era poesía? ¿Rimaba?
— No rimaba, pero era poesía. ¡Él mismo lo dijo, mamá! Yo le pregunté "¿Qué es eso?" y él respondió "Yo soy medio poeta".
— Bien que tu papá sospechó algo...
— ¿Crees que debemos contarle a papá?
— ¡Por supuesto! Y ahora.
El papá dijo "Lo sabía" y determinó que llamasen a Octavio que se explicara. Mónica dijo que Octavio había quedado en buscarla allí después del trabajo. Los tres esperaron la llegada de Octavio. La madre, temiendo algún exceso del padre, intentó amenizar la situación.
— Él dijo que es sólo "medio" poeta...
El padre no dijo nada. Cuando sonó el timbre, mandó que la hija fuese al cuarto. Octavio saludó a los suegros efusivamente — era la primera vez que los veía después de la fiesta de la boda — pero pronto notó su frialdad.
— ¿Qué pasó? — preguntó.
— No nos contaste que eras poeta, dijo el padre.
— Pero yo no...
— No lo niegues. Mónica nos lo contó. ¿Creíste que ella no nos contaría?
— Pero si fue sólo un...
— Lo sé. Un poemita. Es así como se empieza. Un versito hoy, un versito mañana. No tarda y ya estarás haciendo poemas épicos, odas a cualquier cosa, diariamente. Ya vi suceder. Terminarás abandonando el trabajo, robando la mensualidad de mi hija para mantener el hábito.
— Pero yo...
— Vas a decir que puedes dejarlo cuando quieras. Es lo que dicen todos.
— Hijo mío, intervino la mamá afligida, ¿no te das cuenta del mal que te puede hacer la poesía? ¿Hace cuánto que tú...
— No importa, le interrumpió el padre. Y lo que él hizo antes no nos interesa. Pero ahora está casado. Tiene responsabilidades, tiene que trabajar para mantener a la familia. Está en una ramo competitivo, no puede facilitar. Lo sé, lo sé. La poesía es tentadora. Yo mismo, de joven, hice mis sonetos...
— ¡Eurico!
— Nunca te lo conté, Marta, pero lo hice. Afortunadamente tuve un padre que me orientó y lo dejé a tiempo. A Mónica la criamos sin cualquier poesía. Cualquier insicuación de métrica la reprimíamos. Y siempre la alertamos contra los poetas.
— ¿No existirá — sugirió la mamá — un programa de rehabilitación? Alguien con quien te puedas aconsejar...
Una vez más el papá la interrumpió.
— La decisión tiene que ser tuya, Octavio. Y tiene que ser ahora. Tú comprendes que no podemos dejar que Mónica salga de esta casa, donde tuvo siempre toda la seguridad, para vivir con un poeta. Haz tu elección. Mónica, una familia, una vida normal... o la poesía.
Octavio juró que abandonaría la poesía para siempre. Le llamaron a Mónica, los dos se fueron al nuevo departamento, Mónica sospechando un poco todavía, Octavio oyendo la advertencia a la salida: "Ojo, ¿eh?"
Hoy, siempre que habla con Mónica por teléfono, la madre le pregunta:
— ¿Y Octavio?
— Está bien, mamá.
— Nunca más...
— No.
A veces, cuando la familia está toda reunida, Octavio dice unas cosas que provocan el intercambio de miradas entre los demás y la sospecha de una recaída. Luego Mónica asegura que aquello no es poesía, es sólo su forma de hablar. Pero el señor Eurico y doña Marta viven preocupados por la hija. En las noches de luna llena, entonces, doña Marta ni siquiera puede dormir bien.
viernes, 13 de marzo de 2009
Arreglemos el Mundo _Gabriel García Márquez
GABRIEL GARCÍA MARQUEZ
lunes, 15 de septiembre de 2008
El camaleón que finalmente no sabía qué color ponerse - Augusto Monterroso
En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en el que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.
Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdiazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.
Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.
Entonces era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o a esa hora del día o de la noche.
Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos de que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.
Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.
Sólo el León que por entonces era el Presidente de la Selva se reía de unos y de otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco a lo suyo, por divertirse.
De esa época viene el dicho de que
todo Camaleón es según el color
del cristal con que se mira.
tomado de Bosque de Palabras
lunes, 7 de abril de 2008
La Carta - Luis Luksic

No sólo matan las pistolas una carta mató al que deseó leerla los que encontraron siquiera descubrir por qué había muerto pero también al leerla cayeron sin vida igual cosa acontecía con los que le daban una larga mirada aunque sea de lejos y así murió toda la policía muchísimos periodistas gentes de la televisión se ha querido saber qué contenido terrible era el que tenía esa carta la cuestión es que era sumamente sencillo el problema la carta aquella no tenía ni una coma ni un punto y entonces se morían las gentes sin respirar
viernes, 26 de enero de 2007
Cuentos cortos
SALMÓNIDOS
Es universalmente reconocido que los salmones concurren a desovar al lugar donde nacieron. Para ello recorren enormes distancias en el mar y luego remontan el río hasta la naciente. Allí depositan sus huevos, en el mismo sitio donde sus padres depositaron los suyos; y también sus abuelos. Me gusta pensar que hay un único lugar en el mundo, bajo las aguas de un río que no conozco, hacia donde concurren todos los salmones de la Tierra en la época de la procreación. Allí Dios depositó el huevo del primer salmón.
Raúl Brasca
Golpe
Pía Barros
La Travesura
Una vez uno de los hijitos de Dios, aprovechándose de que su papá dormía la siesta, creó el mundo. Cuando Dios despertó le dijo: "¿Por qué has hecho esa travesura?" El hijito de Dios le dijo: "Yo estaba jugando". Y entonces Dios dijo: "Está bien. No importa. Pero nolo vuelvas a hacer".
Chuchú Martínez
Anuncio.
Oriundo de Hamelínn, soy flautista y alquilo mis servicios: puedo sacar las ratas de una ciudad o, si se prefiere, a los niños de un país sobrepoblado.
René Avilés Fabila
Tu amor es como la libertad pintada por un niño.
Felipe García
Una pequeña fábula
“Ay”, dijo el ratón, “el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer”.
“Sólamente tienes que cambiar tu dirección”, dijo el gato, y se lo comió.
Franz Kafka
Él era policía
Un golpe en la cara le dió a Marta
Su hijo que lo vió
se fue al cuarto
sacó la escopeta de juguete
lo apuntó
y a quemarropa le disparó al corazón
Su padrastro, atónito,
se apretó el pecho
un infarto lo había desvivido de un tirón.
Carlos Angulo
Y cuando las tinieblas cayeron sobre la tierra, José de Arimatea, después de haber encendido una antorcha de madera resinosa, descendió desde la colina al valle.
Porque tenía que hacer en su casa. Y arrodillándose sobre los pedernales del Valle de la Desolación, vio a un joven desnudo que lloraba.
Sus cabellos eran color de miel y su cuerpo como una flor blanca; pero las espinas habían desgarrado su cuerpo, y a guisa de corona, llevaba ceniza sobre sus cabellos.
Y José, que tenía grandes riquezas, dijo al joven desnudo que lloraba.
-Comprendo que sea grande tu dolor porque verdaderamente Él era justo.
Mas el joven le respondió:
-No lloro por él sino por mí mismo. Yo también he convertido el agua en vino y he curado al leproso y he devuelto la vista al ciego. Me he paseado sobre la superficie de las aguas y he arrojado a los demonios que habitan en los sepulcros. He dado de comer a los hambrientos en el desierto, allí donde no hay ningún alimento, y he hecho levantarse a los muertos de sus lechos angostos, y por mandato mío y delante de una gran multitud, una higuera seca ha florecido de nuevo. Todo cuanto él hizo, lo he hecho yo.
-¿Y por qué lloras, entonces?
-Porque a mí no me han crucificado.
Oscar Wilde
Sueño de la Mariposa
Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu.
Chuang Tzu
Crónica del Fin del Mundo
La nave que transportaba las tropas intergalácticas que invadirían el planeta Tierra dió marcha atrás cuando sus tripulantes vieron el símbolo de la decadencia de esa civilización: una gran M al lado de un restaurante de hamburguesas.
Eloi Yagüe Jarque
Le regalamos un telescopio al abuelo. Mas vale que no. Nos pidió que subiéramos su mecedora al techo para establecer su observatorio. Después, que lo subiéramos a él, con cuidado, que tengo esta pierna enferma. Posteriormente, la abuela dijo que ella no quería quedarse sola y hubo que subirla también.
Bajarlos todos los días es más complicado que subirlos: parece que se nos fueran a caer. Una vez en tierra hay que escuchar las narraciones acerca de lo que ambos han visto.
Si supieran que el telescopio no tiene vidrios.
Armando José Sequera
Los fantasmas y yo
Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.
René Avilés Fabila
AVISO
Por razones de demasiado uso regalo: Tarot egipcio, tarot de Marsella, péndulos, amuletos, bolas de cristal con poco uso, todas las cartas astrales, un manual de oráculos varios.
Los interesados concentrarse en mi tercer ojo y llamarme telepáticamente.
Mariana Sellanés
El Sueño del Rey
-Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo sé.
-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.
Lewis Carroll
LA GIOCONDA
Una vez en Barranquilla existió un hombre que dedicó su vida a
estudiar el fenómeno de la sonrisa de la Gioconda.
Luego de muchos años de estudio e investigaciones, descubrió que Leonardo no pintó sobre el rostro de la mujer ninguna sonrisa. De su pincel surgió un rostro adusto con ojos del dulce color de las nubes del vino. Es el espectador quien al mirarla y quererla sonríe primero. Ella lo hace después.
Jairo Aníbal Niño
El dedo
Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.
-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.
-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.
Feng Meng-lung (1574-1646)
Los dos zorros
Dos zorros entraron de noche y por sorpresa en un gallinero y estrangularon al gallo, a las gallinas y alos polluelos y, después de la carnicería, apaciguaron su hambre. Uno de ellos, jóven y ardiente, quería devorarlo todo. El otro, viejo y avaro, quería guardar algunaprovisión para más adelante. El viejo decía:
Hijo mío, la experiencia me ha vuelto sabio, yo he visto muchas cosas desde que estoy en el mundo. No comamos todo esto en un sólo día. Hemos tenido fortuna, es un tesoro lo que hemos encontrado y es preciso economizar.
El jóven contestó:
Yo quiero comer todo ahora que lo tengo y saciarme por ocho días, porque riamonos de lo que pueda suceder, el mañana no será tan bueno. Elamo, para vengar la muerte de sus polluelos, nos acogotará.
Después de esta conversación cada cual tomó su parte. El jóven tanto que reventó, apenas pudo llegar a su madriguera para morir. El viejo, que se creyó más sabio moderando su apetito y vivir economizando, al día siguiente, al volver a su presa, fue acogotado por el amo.
Así, cada edad tien sus defectos, los jóvenes son fogosos e insasiables en sus placeres, los viejos son incorregibles en su avaricia.
Fenelón
El hombre invisible
Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.
Gabriel Jiménez Emán
¡Viva la propiedad privada!
¡Esos malditos que están metidos en todas partes quieren quitarme lo que es mío! Pero no los dejaré. Defenderé todas mis pertenencias. Salvaguardaré mi capital y mis acciones a sangre y fuego. Que no piensen que me despojarán de mis bienes impúnemente. ¡No lo permitiré! Mi grito de guerra será: ¡Viva la propiedad privada, la tradición y la familia! ¡He dicho!
Acto seguido bajó del techo del carro desvalijado y quemado dirigiendo su perorata a nadie y comenzó a subir cansadamente las escaleras que le conducirán a su rancho de cartón piedra y techo de lata del que sobresalía una antena de TV.
Eloi Yagüe Jarque
Un cuento de horror
Felipa no hacía otra cosa que quejarse, llorar y maldecir a todo lo largo del día y la noche. Los fantasmas se preguntaban si acaso no estaría embrujada la casa.
Rigoberto Rodríguez
El mundo
Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.
Augusto Monterroso
FLOR Y CRONOPIO
Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: “Es como una flor”.
Julio Córtazar
La Espera
Agustín pasó todos los días de su vida esperando. Frecuentemente meditaba y hacía balance acerca de cuál sería el momento más importante de su existencia. Ayer le llegó. Hoy lo enterramos.
Eduardo Sanoja
LA CARTA
Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolio y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.
Luis Mateo Díez
Los nadies.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano
Espero curarme de ti
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes como te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿Sabes manejar?", "Se hizo de noche"...Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: Guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
Jaime Sabines
Enzo, un rico comerciante de Puerto Ayacucho, visita a las comunidades indígenas del Alto Orinoco y se horroriza cuando ve a Orawe, indígena Yanomami, tumbado tranquilamente en su chinchorro, mascando tabaco. - ¿Porqué no sales a pescar? - le preguntó Enzo. - Porque ya he pescado bastante por hoy - le contesta Orawe. - ¿Y porque no pescas más de lo que necesitas? - insiste el comerciante. - ¿Y qué iba a hacer con ello? - pregunta a su vez el indio. - Ganarías más dinero. De ese modo podrías poner un motor fuera de borda en tu canoa. Entonces podría llegar más lejos en el río y pescar más peces. Y así ganarías más peces. Y así ganarías lo suficiente para comprarte una red de nylon, con lo que obtendrías más pescado y más dinero. Pronto ganarías para tener dos canoas y hasta dos motores y más rápidos... Entonces serías rico como yo. - ¿Y que haría entonces? - preguntó de nuevo el indígena. - Podrías sentarte y disfrutar de la vida - - ¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? - respondió satisfecho el indio Orawe.
La Voz de la Beatitud
Des pués de la muerte de Bankei, un ciego que vivía cerca del templo del maestro relató a un amigo:
-Como soy ciego, no veo la cara de las personas, así que debo juzgar su carácter por el sonido de su voz. Por lo común, cuando oigo a alguien felicitar a otro por su dicha o su éxito, también oigo una secreta nota de envidia. Cuando se expresan condolencias por la desgracia de otro, oigo el placer y la satisfacción, como si el condolente en realidad se alegrara de que en su propio mundo le quedara algo que ganar. Pero, en toda mi experiencia, la voz de Bankéi era siempre sincera. Cuando expresaba felicidad, yo no oía sino felicidad; y cuando expresaba tristeza, tristeza era todo lo que oía.
Historia Zen
El pobre anciano exclamó:
-Al fin he descubierto que mi verdader vocación es la delincuencia infantil.
¡Ay, pero lo he descubierto a los setenta años!
Alfonso Reyes
LA OVEJA FEROZ
Una oveja decidió disfrazarse de lobo, para confundir a su habitual enemigo, y se encontró con un lobo que había recurrido a su vieja costumbre de vestirse de oveja. En medio de la confusión que ocasionó el encuentro, todos pudieron presenciar cómo, por primera vez en la historia, la oveja feroz devoraba al lobo indefenso.
Jaime Alberto Vélez G.
FINAL PARA UN
CUENTO FANTÁSTICO
-Qué extraño -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada! -La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos ha encerrado a los dos!
-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.
I.A. Ireland
Había una vez que no había nada.
Oscar Santana
Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan como le fue. Pero ya ven cómo le fue a Sansón con Dalila...
Augusto Monterroso
Alas
Yo ejercía entonces la medicina en Humahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado; se había caido por el precipicio de un cerro. Cuando para revisarlo le quité el poncho vi dos alas. Las examiné: estaban sanas.Apenas el niño pudo hablar le pregunté:
- ¿Por qué no volaste, `m´hijo, al sentirte caer?
-¿Volar? -me dijo- ¿Volar, para que la gente se ría de mí?
Enrique Anderson Imbert
Petición
Hay un modo de que me hagas completamente feliz, amor mío: muérete.
Jaime Sabines
ENCUENTRO CON EL DIABLO
Cierto hombre devoto, convencido de que era un sincero buscador de la Verdad, se sometió a un largo curso de disciplina y estudio.
Tuvo muchas experiencias con varios maestros, tanto en su vida interna como externa, por un periodo considerable de tiempo.
Un día meditando, vio de pronto al diablo sentado a su lado.
Aléjate, demonio - gritó -, tú no tienes ningún poder para dañarme, pues yo estoy siguiendo el Camino de los Elegidos.
La aparición se esfumó.
Un verdadero sabio que pasaba por allí, le dijo con tristeza:
¡Ay, amigo! Has puesto tus esfuerzos sobre bases tan inseguras como tu miedo inalterado, tu avaricia y tu autoestima, y has llegado a tu última experiencia posible.
¿Y por qué? - preguntó el buscador.
Ese diablo es en realidad un ángel. Diablo es como tú lo has visto.
Tradición Sufí
El mago hace aparecer un pájaro. El mago hace desaparecer un vaso con agua. El mago hace aparecer una mesa espléndidamente servida. El mago hace desaparecer un reloj, un pañuelo, y por error, con un ligero movimiento, hace desaparecer el oxígeno. Los espectadores van muriendo uno a uno, mientras el empresario les cobra rápido, apuradamente, por la magia y por el viaje.
Carlos Villalba
PROTESTA
La inauguración del congreso de escritores de cuentos cortos fue un estruendoso fracaso, ya que el encargado de presidirlo -un ilustre hombre de las letras- leyó un discurso tan extenso que motivó el retiro de los asistentes -llegados de todo el orbe-, quienes, en una muy breve declaración, expresaron que los habían confundido con ensayistas.
José Raúl Jaramillo Restrepo
FÁBULA
Un pastor se encuentra con un lobo.
-¡Qué hermosa dentadura tiene usted, señor lobo!- le dice.
-¡Oh! responde el lobo- mi dentadura no vale gran cosa, pues es una dentadura postiza.
Confesión por confesión, -entonces dice el pastor- si su dentadura es postiza, yo puedo confesarle que no soy pastor: soy oveja.
Braulio Arenas
Desde la mujer del tendero hasta Conchita la pelirroja, y desde Jesús el zpatero hasta Roberto que dirijía la escuela, todos, sin excepción, amanecieron con un terrón de azúcar en la punta de los labios. Sin embargo, los únicos en enterarse de lo sucedido fueron los que se besaron en la mañana.
Armando Moreno
VISOR
Aturdido por la feroz matanza, se llevó las manos a la cabeza y no tenía cabeza.
Carlos Alberto Castrillón
Amigo 1
Nunca supo:
Cómo era elevar una cometa
qué se sentía al hacer una caricia
dibujar una mariposa en el cuaderno
decir adiós.
Porque nunca tuvo brazos.
Carlos Angulo
Había un leñador que se afanaba sin descanso por cortar un árbol. Tenía el hacha mellada y, a pesar de su esfuerzo y de que prácticamente no paraba a descansar, su trabajo no avanzaba.
Pasó por allí un campesino que le dijo:
- Tu hacha está mellada, ¿por qué no la afilas?
El leñador le miró sólo un momento con su rostro agotado y le dijo:
- No tengo tiempo para eso, tengo que cortar todos esos árboles y no puedo perder un minuto de tiempo.
Tomado de "educar valores y el valor de educar" de Antonio Pérez Esclarín
LA PUNTA DE LA MADEJA
Cuando ella descubrió su primera cana quiso arrancarla de un tirón, pero como el odioso pelo blanco se prolongaba, jaló y jaló, mientras su cuerpo se destejía, hasta que sólo quedó una niña llorando asustada.
Gustavo Masso
Las Dos Ranas
Dos ranas saltaron dentro de un cubo de nata en una lechería.-Más vale que nos demos por vencidas- croó una de ellas mientras se esforzaban en vano por salir -estamos perdidas.- Sigue nadando - dijo la otra - saldremos de alguna manera.- Es inútil - chilló la primera - es demasiado espesa para nadar, demasiado blanda para saltar, demasiado resbaladiza para arrastrarse - como de todas maneras hemos de morir algún día, mejor que sea esta noche.Así que dejó de nadar y pereció ahogada.Su amiga siguió nadando y nadando sin rendirse.Y al amanecer, se encontró sobre un bloque de mantequilla que ella misma había batido. Y allí estaba, sonriente, comiéndose las moscas que acudían en bandadas en todas las direcciones
¿Suerte?
Una historia china habla de un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar los campos. Un día el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano se acercaron para condolerse de él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?”
Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?”
Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el anciano, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?”
Unas semanas más tarde, el ejercito entró en le poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. ¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?
Todo lo que a primera vista parece un contratiempo puede ser un disfraz del bien y lo que parece bueno a primera vista puede ser realmente perjudicial. Así pues, será postura sabia que dejemos a Dios decidir lo que es buena suerte, y le encomendemos a Él nuestro destino.
Anónimo
Aviso Clasificado
Se solicitan jóvenes de mirada y voluntad limpias, que tengan conocimientos de amaneceres y crepúsculos más que de marcas de zapatos, que sepan de solidaridad e inquietudes más que de modelos de carros y apariencias, para trabajar en una patria que a pesar de ambiciones aun sigue siendo uno de los rincones más hermosos de este planeta Tierra. Interesados favor dirigirse a Venezuela. Se recompensará con el azul del cielo, con los colores del arco iris y con mucho futuro.
Felipe García
Llamada de larga distancia
I) - ¡Ring!
-¿Aló?
-Sí, Diga
-¿Está Dios?
- No, no está, ¿de parte?
- ¿No sabe dónde puede estar?
-No, no tengo idea.
- Está bien, dígale que yo loestuve llamando. ¡Click!
II) - ¡Ring!
- Si, ¿Quién habla?
- Soy yo.
- ¿Quién es yo?
- El de ahorita.
- Ah, diga.
- ¿No ha regresado Dios?
- No señor, ya le dije que tiene tiempo que no viene.
- ¿Puedo dejarle un mensaje?
- Si, diga.
- Dígale que me llame cuando regrese. ¡Click!
III)- ¡Ring!
- ¿Quién es?
- Soy yo otra vez
- Diga
- ¿Dios noha llegado todavía?
- Mire señor, ya le dije que no está.
- Es que es urgente.
- Pero no está. No sea fastidioso.
- ¿Dónde puedo encontrarlo?
- Qué se yo, ¡Vayase al diablo! ¡Click!
Otrova Gomas
La Carta
No sólo matan las pistolas una carta mató al que deseó leerla los que la encontraron quisieron descubrir por qué había muerto pero también al leerla cayeron sin vida igual cosa acontecía con los que le daban una larga mirada aunque sea de lejos y así murió toda la policía muchísimos períodistas gentes de televisión se ha querido saber qué contenido terrible era el que tenía esa carta la cuestión es que era sumamente sencillo el problema la carta aquella no tenía ni una coma ni un punto y entonces se morian las gentes sin respirar
Luis Luksic
Sídrome
Todavía tengo casi todos mis dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del omnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.
Mario Benedetti
Había una vez que no había nada.
Oscar Santana
Yo no lo maté: él solito se le atravezó a la bala.
José Emilio Pacheco
LÍMITES
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed, hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire, hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor, hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre, hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas. Sangran.
Juan Gelman
El Mago hizo un gesto y eliminó el hambre.
El Mago hizo un gesto y eliminó la ignorancia.
El Mago hizo un gesto y eliminó la enfermedad.
El político hizo un gesto y eliminó al mago.
Carlos Villalba
En pleno verano, las hojas más tristes se transfiguran en pájaros. Las más secas en peces.
Franklin Fernández
La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.
Ana María Shua
Los tiempos cambian
Cuando tenía quince años y estaba locamente enamorada, consiguió un hechizo garantizado –un ligue, como dicen– para que su hombre no la abandonara nunca. Sí, era el hombre de su vida, no había ningún hombre como él.
Hoy, 30 años después, está buscando en vano, con desesperación, alguien que deshaga el embrujo.
Carmen Cecilia Suárez
Suicidio colectivo
Todas mis soledades
se cortaron las venas
con el filo
de tu sonrisa
Jorge Ángel
La oreja de Van Gogh
—¡No tendrían por qué dudarlo! —comentó con sus alumnos el joven profesor de la Escuela de Artes Plásticas—. Observen bien, sobre el amarillo de las flores, predomina un color rojizo inconfundible. Quien adquirió la pintura en la última subasta de Christie's, también tendría que saberlo para pagar un precio tan alto. Los coleccionistas tienen muy buenos informantes que, no sólo les pasan datos, también, les dicen los secretos de los artistas y sus obras. Seguro que esto fue así: en la vasija de "Los girasoles", el pintor guardó su oreja cortada, cuando se regresó con ella de la casa de la prostituta a quién se la había ido a mostrar. Lo hizo para que las flores, al alimentarse de su sangre, supieran hasta la eternidad con cuánto dolor logró pintarlas.
Armando Quintero Laplume

